Entrevista a Juan José Téllez Rubio

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Durante los días 18 y 19 de abril tendrá lugar en Cádiz (Facultad de Ciencias del Trabajo) el Taller Transfronterizo Integración, ciudadanía y participación política de la población inmigrante, primero de los talleres desarrollados en el marco del Proyecto MENARA con el objetivo de profundizar en la realidad actual de Marruecos, la participación política de los inmigrantes marroquíes en España y en las relaciones bilaterales entre ambos pueblos. El escritor y periodista Juan José Téllez, coordinador científico de esta propuesta, nos avanza algunas de las claves de este encuentro internacional.

 

“La crisis la estamos pagando todos pero, especialmente, los más desfavorecidos, entre quienes figuran los migrantes”

 

¿Qué objetivo pretende afrontar con este primer Taller Transfronterizo “Integración, ciudadanía y participación política de la población inmigrante”?

Se trata de un taller encuadrado dentro del Observatorio Transfronterizo para las Migraciones y la Promoción del Diálogo Intercultural al que llamamos Proyecto MENARA y que promueve la Fundación de las Tres Culturas con el respaldo de la Unión Europea. Casi veinte personas, especializadas en distintas disciplinas, desde la cooperación a la sociología, el derecho, la creación artística, la historia o el periodismo, van a debatir sobre los vínculos actuales entre Marruecos y España, tanto a escala oficial como popular. Hay mucho en juego, desde la plena integración de los migrantes, que pasaría por su participación política también plena, como exigen las ONGs, o la eclosión de las llamadas primaveras árabes que, en el caso de Marruecos, ha llevado incluso a una controvertida reforma de la Constitución.

 

¿Cuáles serán las grandes líneas de estudio y debate dentro del taller?

Vivimos una profunda crisis económica y política a escala europea. Esta crisis la estamos pagando todos pero, especialmente, los más desfavorecidos, entre quienes figuran los migrantes. Faltan jornales, aumenta la precariedad y aparecen en escena partidos de claro corte xenófobo o son los partidos convencionales quienes asumen esos mensajes excluyentes y a menudo racistas. Ese será el punto de partida, para exigir más democracia como antídoto a unos recortes que amenazan con devorar las conquistas sociales y políticas del último siglo en este continente. Más democracia para todos, pero especialmente para quienes necesitan más garantías. Y sobre esta cuestión reflexionaremos, sobre cómo incrementar los cauces de participación política de ese amplio colectivo, así como la integración de sus hijos en Europa, para evitar que sigan siendo eternamente considerados como migrantes de segunda, tercera o de cuarta generación.

 

¿A quien está abierto este taller?

A todos aquellos que se encuentren interesados en que este país no termine convirtiéndose como otras naciones en una sucesión de compartimentos estancos entre diferentes comunidades. Seguimos creyendo en la interculturalidad, aunque el imaginario convencional insista en concebir a la migración como algo puramente instrumental, un grifo que se abre y que se cierra a capricho del boletín oficial, sin tener en cuenta que la realidad de la calle es muy distinta a la de los despachos oficiales. Quienes quieran acercarse a poner en común sus ideas sobre este asunto, tendrán las puertas abiertas. Eso sí, previa inscripción on line a través de esta misma página, en un link existente a tal efecto, o personándose en la Facultad de Ciencias del Trabajo, el antiguo Colegio Universitario Gaditano.

 

Como periodista especializado en migraciones, ¿en qué ha variado la situación en España desde que hace diez años usted publicara su libro Moros en la costa?

La Ley de Extranjería se ha endurecido sin que hayan existido demasiadas protestas. La islamofobia no ha provocado, en términos generales, grandes incidentes pero sigue latente hasta extremos ridículos en nuestro país. Por otro lado, la crisis está provocando también el desmantelamiento de programas y organismos que no sólo amortiguaban la exclusión social, ofreciendo incluso alternativas de integración, sino que los fondos de cooperación internacional se han reducido exponencialmente. Muchas ONGs han tenido que echar el cierre a sus instalaciones e incluso a sus servicios, o llegar al extremo de anticipar fondos a las instituciones para no perder la concesión de determinadas iniciativas públicas.

Vivimos un momento crítico y, para colmo, no nos queremos dar cuenta del alto número de personas sin papeles en origen o que no han podido renovar sus documentos, que podría superar la cota del millón y medio en nuestro país o de once millones a escala europea. ¿Qué hacemos con todas ellas? La represión no puede seguir siendo la única pauta posible, máxime cuando ni se debe ni se puede llevar a cabo una política de expulsiones masivas. Al margen de cuestiones éticas, que tendrían que ser prioritarias, no habría euros suficientes para su deportación ni para sustituirles en sus ocupaciones actuales, que en una amplísima mayoría no tienen que ver con el hampa.